Hágase la luz…

Según nos cuenta el Antiguo Testamento bastó que Dios pronunciara estas palabras para que efectivamente se hiciera la luz, y tras comprobar que la luz era buena la separó de las tinieblas llamando a ésta “noche”  y a la luz “día”.

Lo que no nos contaron, o quizás ni Dios era consciente de ello, es que la luz se la repartirían entre 4 empresas creando un auténtico monopolio que no solo ha hecho que desde el año 2007, cuando ocupábamos el nº 14, hayamos pasado al tercer puesto en el ranking de tarifas eléctricas europeas (tan solo por detrás de Chipre y Malta), sino que además tienen el privilegio de decidir qué empresas o instituciones públicas o privadas son merecedores de esa luz y cuáles serán condenadas a vivir en las tinieblas.

Parecería obvio que los criterios para decidir quién tiene derecho a vivir en el día y quién debe vivir en la noche fueran los estrictamente económicos; es decir, facilitarla a quien paga sus facturas y negársela a quien no lo hace, pero viendo quiénes ocupan cargos de responsabilidad en los consejos de administración de las eléctricas y los asesores que contratan, la obviedad deja de tener sentido.

Nuestro ministro de Economía Luis de Guindos -que éste sí que parece Dios, está en todos lados- percibió 368.413 euros durante 2011 por formar parte del Consejo de Administración de Endesa. Precisamente la misma empresa que contrató en ese mismo año al ex presidente  Aznar por otros 300.000 euros al año entre fijo y variables. Teniendo en cuenta esto y viendo el resto de ex políticos y altos cargos de la administración que están en nómina de éstas empresas es fácil entender lo de la falta de obviedad que decía en el párrafo anterior y convierte la electricidad, la luz, en una auténtica arma política.

Solo de ésta forma se puede explicar la persecución que está llevando a cabo Sevillana Endesa contra el Consistorio de Sanlúcar de Barrameda, llegando a cortar el suministro en distintas dependencias municipales tales como el Polideportivo, Servicios Sociales o la Biblioteca en distintas fechas y desde hace ya demasiado tiempo. Ciertamente el Ayuntamiento debe facturas a Sevillana Endesa; tan cierto como que la deuda actual ronda aproximadamente el 25% de lo que llegó a ser en su fecha, lo que deja a las claras el tremendo esfuerzo que se está haciendo para acabar con esa deuda, a la vez que se siguen pagando las facturas actuales, y tan cierto como que en municipios cercanos (véase Jerez), con deudas más elevadas, no se llevan a cabo estos cortes.

Supongo que el distinto color político de las corporaciones municipales de estas dos ciudades tendrá mucho que ver en esa doble vara de medir que se usa desde la empresa eléctrica, pero me parece totalmente inconcebible que se castigue a los ciudadanos de un municipio por el mero hecho de no haber votado el azul durante las últimas elecciones municipales, privándoles de la luz y obligándoles a vivir en las tinieblas.

Todo lo que era sólido

Este es el título del último libro publicado por Antonio Muñoz Molina y que recomiendo encarecidamente a cualquiera que desee entender “cuando se jodió España” que diría Vargas Llosa.

No es una novela, y fue un regalo porque nunca me hubiera comprado un ensayo de Muñoz Molina. No niego que es de los dos o tres mejores escritores españoles, pero también ha sido una persona claramente identificada con el PSOE, y por un gobierno del PSOE fue nombrado para un cargo público con sede en Nueva York. Temí el lamento español de “lo peor fueron los otros”. La política española de los últimos años está tan teñida de “oponerse al otro”, que conviene leer los análisis escritos por extranjeros.

Muñoz Molina tiene mi edad, así que cuando murió Franco tenía poco menos de veinte años. Vivió la transición, como la mayoría, como el despliegue de un retablo de las maravillas que nos alejaba de la cochambre del franquismo y nos acercaba a la ilustración europea. Y así vivimos un par de décadas, de triunfo en triunfo culminado con una entrada en la Unión Europea y en el euro. España volvía a donde solía: la Europa Moderna que comienza en el Renacimiento nos tuvo durante la mayor parte del tiempo como actores protagonistas, en el centro de la acción. Solamente las guerras civiles del XIX y la del XX nos degradaron a actores de reparto; como ahora.

Así que Muñoz Molina, que como la inmensa mayoría de los españoles sabe menos historia de la que debiera, creyó que “todo era sólido”. Como el resto de nosotros, nos dedicamos a creer todo lo que nos decían los mandamases del partido que nos gustaba. Estos partidos nos habían llevado a la cumbre, a la mesa de los señores y tenían nuestra confianza. Cuando la opinión de los independientes o de los profesionales comenzó a disentir de la de los políticos, solo se convirtió en un molesto ruido de fondo.

Y Muñoz Molina se pregunta “cuando se jodió España”. Y en su prosa estelar nos muestra dos momentos clave. El primero lo vivió desde su posición de funcionario municipal. Cuando comenzaron los municipios democráticos los nuevos alcaldes se encontraron con tres figuras decisivas: el secretario, el interventor y el depositario. Y cuando quisieron gastar en lo que creían justo, se encontraron con su resistencia. Y, a pesar de ser puestos de control muy antiguos y cuyo objetivo era frenar a los caciques locales, los tomaron como residuos franquistas. “Habría sido necesario construir una nueva legalidad democrática: lo que hicieron fue sustituir la antigua por la potestad de ejercer incontroladamente el albedrío político. Cambiaron las leyes no para hacerlas mejores sino para asegurarse de que podrían actuar al margen de ellas.” Y vive Dios que lo hicieron; hasta el punto de generalizarse la corrupción por todos los estamentos e ideologías.

Y sigue Muñoz Molina: “Las únicas carreras administrativas que se han hecho en España a lo largo de los últimos treinta años son las de los mediocres arrimados a los partidos que han llegado a ocupar los puestos más altos sin poseer ningún mérito, sin saber nada, sin adquirir a lo largo del tiempo otra habilidad que la de simular que hacen algo o han aprendido algo”.

Por otra parte, “Es misterioso que una izquierda que venía del laicismo de la II República abrazara con tanta convicción las celebraciones de la iglesia católica (…) Pero es más misterioso todavía que viniendo de la doble tradición del universalismo ilustrado y del internacionalismo obrero de la izquierda se convirtiera tan velozmente, tan integralmente, a la superstición nacionalista por las identidades colectivas”. Como dijera Borges de los irlandeses, los andaluces (catalanes, etc.), viven dominados por la extraña pasión de ser incesantemente andaluces (catalanes, etc.).

Y no se pueden perder ustedes la penosa descripción que hace, desde su posición de director del Instituto Cervantes de Nueva York, del cateto peregrinaje de representantes de la autonomías a presentar, en un triste inglés y en el centro del mundo sus hechos diferenciales, a un público formado mayoritariamente por españoles que trabajaban allí. No se lo pierdan; léanlo.

La realidad de las cosas

Muchas eran las expectativas creadas en torno al Consejo de Ministros del pasado 26 de abril. Se esperaban con ansias las previsiones macroeconómicas que el Gobierno anunciaría hasta el final de su legislatura, las políticas en materia de empleo para rebajar la sonrojante cifra de 6,2 millones de parados -1,7 millones más de lo que recibieron- y se esperaban igualmente, con cierto temor, las nuevas medidas de austeridad y recortes. Lo que recibimos en cambio fue la confirmación de que este Gobierno ha tirado definitivamente la toalla. Lo que percibimos los ciudadanos fue a un presidente que ha bajado los brazos, que ya reconoce públicamente que durante el tiempo que le queda de legislatura no será capaz de reducir el déficit ni la tasa de desempleo, y que sigue siendo incapaz de dar un golpe en la mesa para decirle a quien le manda desde Berlín que es totalmente inviable seguir con esta huída hacia adelante.

El FMI admite que los ajustes en Europa no solo no funcionan, sino que han tenido el efecto justamente contrario a tenor de las cifras de paro, inversión y consumo. La Reserva Federal Estadounidense ha anunciado que seguirán con tipos de interés 0 y comprando deuda pública para fomentar el crecimiento y la creación de empleo. Ayer mismo, 1 de mayo, los líderes de Francia e Italia –segunda y tercera economías de Europa-, anunciaron su desacuerdo con las medidas de austeridad sin crecimiento y demandaron avanzar en la unión bancaria según lo previsto, reducir los tipos de interés, desbloquear los créditos de 60.000 millones del Banco Europeo de Inversiones y acelerar las ayudas a los jóvenes parados. Cuando todo el mundo parece estar de acuerdo en que no se puede seguir administrando por más tiempo la misma medicina al paciente que lo está matando, a nuestro presidente de Gobierno no se le ocurre otra cosa que enviar a Bruselas las conclusiones del triste Consejo de Ministros que incluyen, entre otras cosas, nuevos recortes en materia de Sanidad y Dependencia que evalúan en 3.942 millones de euros, volviéndose a alinear con una Angela Merkel que sigue reclamando subidas del tipo de interés. Austericidio en estado puro.

“Es urgente combatir el mayor desempleo juvenil en décadas, estimular la demanda europea y cambiar el rumbo político de una Europa que desmoraliza a sus ciudadanos en vez de darles esperanza”, dicen desde París y Roma. “Esto es lo que hay, no sé qué hacer y ya mejorarán las cosas por sí solas”, nos dicen desde Madrid. Las diferencias entre las declaraciones son enormes, las intenciones también lo son y esa, y no otra, es la realidad de las cosas.

Participación ciudadana (II)

En el primer capítulo de estos artículos con el título “participación ciudadana” de hace unos días comenté los intentos por parte del PP de intentar acallar a los ciudadanos en calles, instituciones y medios de comunicación públicos gracias a su aplastante mayoría, ignorando por completo que el movimiento ciudadano es ya un hecho imparable.

En esta segunda entrega cambiaré totalmente de tema, aunque el título siga siendo perfectamente válido. Esta vez quiero hablaros de la falta de participación ciudadana en la vida social y política de sus municipios limitándose, en una gran mayoría, a ejercer su derecho a voto cada cuatro años.

Gracias a muchas plataformas ciudadanas que se están creando en los últimos años -algunas ya gobernando- se están llevando a cabo innumerables jornadas informativas, conferencias, actividades,  jornadas de puertas abiertas y otros eventos que tienen por objeto acercar a los ciudadanos a la realidad de sus municipios, a conocer su patrimonio cultural y monumental o simplemente ofrecer información de primera mano sobre asuntos de diversa índole y de vital importancia.

En este sentido voy a centrarme un poco en el municipio que mejor conozco: Sanlúcar de Barrameda, donde se están llevando a cabo muchas actividades de este tipo que, por un motivo u otro, no llegan a atraer la asistencia o participación que creo que algunas de ellas merecen.

Durante los dos últimos meses se han organizado por parte de la Delegación de Educación una serie de conferencias impartidas por profesionales y expertos de distintos ámbitos que tocaban temas interesantes y actuales tales como la prevención del consumo de drogas en los jóvenes, la adicción a las nuevas tecnologías, el absentismo escolar o las enfermedades de transmisión sexual entre otros. Si bien es cierto que acudieron personas, pienso que ni mucho menos en la medida que estas conferencias se merecían. ¿Lo sabemos todo los padres? ¿Sabemos realmente cómo detectar y prevenir todo eso y, además, explicárselo a nuestros hijos de una forma adecuada? ¿O más bien estamos más cómodos en el sofá?

Por otro lado el jueves 25 tuvo lugar en el Círculo de Artesanos una jornada de puertas abiertas organizada por Ciudadanos Independientes en el que se trató el asunto de la Circunnavegación, la importancia que supone esta conmemoración para Sanlúcar y la decisión del Consejo de Ministros de dejar abandonado a nuestro pueblo en este aspecto, que contó con una asistencia más nutrida, pero sobre todo de profesionales, asociaciones o colectivos. ¿A los ciudadanos de “a pié” no les interesa el tema? ¿Somos conscientes realmente de la trascendencia del tema en cuestión? ¿Estamos preparados para acoger a los visitantes que nos visitarán en masa? Yo creo que no, pero por otro lado tampoco veo una gran preocupación por estar informados al respecto. El próximo lunes 6 de mayo ha convocado precisamente el Círculo de Artesanos a todos los colectivos, asociaciones, fundaciones y, sobre todo, a ciudadanos en general a las 21.00 para elaborar un manifiesto con el fin de  avanzar en este proyecto que se llevará a cabo a pesar de nuestro gobierno. Espero que se necesite como mínimo el Bernabéu para acoger a todos los asistentes porque la ocasión merece la pena y espero de corazón, como ciudadano, que la movilización sea masiva.

Otra buena ocasión para hacer gala de nuestra participación ciudadana la tendremos los días 3, 4 y 5 de mayo acudiendo a los patios sanluqueños que formarán parte de la Primera Fiesta de los Patios organizada por la Delegación de Turismo. Hay muchas formas de ejercer esa participación; podemos visitar los patios que se presentan a concurso, animar a nuestros amigos o, simplemente, difundiendo la información a través de redes sociales o el famoso boca a boca. Se trata, en definitiva, de ser partícipes de lo que ocurra en nuestro municipio, de convertirnos en embajadores de nuestra tierra estemos donde estemos y de ejercer ese derecho-obligación que tenemos para con nuestro pueblo más allá de cumplir con el trámite que decía al principio de acudir a nuestra cita con las urnas de 4 en 4 años.

¿Menos austeridad?

El mundo entero, no solamente España, lleva años sufriendo unas políticas que, creo que Britten, tildó de sado austeridad, A raíz del comienzo oficial de la crisis, con los problemas en el mundo financiero de 2007, se impusieron dos líneas políticas. La primera fue abortar el hundimiento del sistema financiero; se trataba de evitar los errores de la crisis de 1929, cuando los bancos centrales recortaron la cantidad de dinero y subieron los tipos de interés acabando de matar a las entidades financieras enfermas, pero salvables.

La segunda línea de actuación político económica fue la austeridad. El gran problema a solucionar era el déficit público y la deuda pública. Daba igual que hubiese países, como España, que entraron en la crisis con bajo déficit y baja deuda; hay que bajar el déficit y punto. Se desoyó el clamor de los economistas keynesianos que decían algo muy simple y muy probado: cuando el sector privado entra en crisis, una reducción de gasto público agrava la crisis; aunque solo sea porque cero menos dos y menos dos da siempre menos cuatro.

Alemania y otros países norteños fueron los abanderados de esta política en Europa; los republicanos, y especialmente el Tea Party, lo fueron en EE.UU. Alemania se basó en su experiencia hace un par de décadas cuando inició un largo camino para hacer su economía más eficiente, reduciendo la parte del pastel que iba a los trabajadores y al estado del bienestar. Como le salió bien la jugada (estábamos los pringados del sur manteniendo el crecimiento del consumo) se olvidaron de lo que les pasó al principio de los años treinta, cuando la política de sado austeridad del canciller Brüning provocó una contracción económica de tal magnitud que alfombró la llegada de Hitler al poder.

Pero había poca teoría económica que avalara el uso de la austeridad en una situación económica como la que padecemos. Se repetían frases de sentido común como que un país es como una familia, no puede gastar más de lo que ingresa; de sentido común, pero una estupidez desde el sentido común económico: un país no es una familia. Y los escasos economistas que avalaban la austeridad obtenían una audiencia desproporcionada.

Durante este 2013 han caído dos mitos teóricos sustentadores de la sado austeridad. Primero, el Fondo Monetario Internacional publicó un estudio que indicaba que el daño que a la economía hacía que un gobierno redujera su gasto era mucho mayor de lo que hasta entonces se pensaba. Y hace pocas semanas se ha demostrado que un estudio que indicaba que los países con alta deuda sufrían un bajo crecimiento económico estaba basado en datos erróneos.

Uno se tiene que preguntar dos cosas en esta tesitura. ¿Cómo es que tanta gente tan seria ha estado apoyando la sado austeridad a pesar del poco apoyo teórico y en contra de todas las evidencias prácticas? ¿Qué debemos hacer ahora que Bruselas va a relajar algo los objetivos del déficit en España?

Una respuesta a la primera pregunta la da un estudio pionero y provisional que trata de ver si las ideas económicas, las preocupaciones de los ricos, del famoso 1%, son diferentes de las de la clase media o la clase trabajadora. Como usted ya ha supuesto, efectivamente hay una gran diferencia. ¿Dónde es más grande la diferencia? En la preocupación sobre el déficit y en la bondad del estado del bienestar. No hay que ser muy listo, ¿no?

Y otro día les hablaré de un estudio sobre la deuda de los últimos 5.000 años que creo que resalta como extraordinario el énfasis actual en que se paguen todas las deudas contraídas. ¿Va a ser que se pretende que en ésto sí que esta vez sea diferente?

Y ¿qué hacer en España? Pues me temo que los políticos van a utilizar el relajo para mantener más tiempo los cientos de asesores, coches, móviles, empresas públicas, etc. de que disfrutan. Si las CCAA ingresan lo mismo que en 2003, para dar el mismo servicio al pueblo basta con que recorten sus gastos innecesarios y “sobrecogedores” a ese nivel. Y eso es muy duro; pobres…

Participación ciudadana (I)

Con el título de este artículo no me estoy refiriendo a ninguna delegación ni a ninguna instancia pública dependiente de consejerías o ministerios, sino precisamente a eso: participación ciudadana activa.

Por una parte, en este primer capítulo,  estoy hablando de esa participación ciudadana que el gobierno del PP intenta amordazar en las calles amenazando con cacheos y  con pedir identificación a los participantes en manifestaciones, en las instituciones convirtiendo cualquier intento de debate en ataques verbales que precisamente buscan la imposibilidad del propio debate y en la televisión pública -que pagamos entre todos- vetando a ciertos políticos o portavoces de plataformas y asociaciones.

Llevan ya varios días bombardeándonos con informaciones futuras, es decir, adelantándonos lo que va a ocurrir el viernes 26 de abril en las inmediaciones del Congreso de los Diputados para justificar de esta forma el blindaje al que será sometido gracias a 1.400 antidisturbios        -que también pagamos entre todos- y asegurando de antemano que los manifestantes buscarán el enfrentamiento con la Policía. A mí se me ocurre que la única forma que existe para no equivocarse asegurando tal extremo es teniendo a policías de paisano entre ellos y que éstos sean precisamente los que caldeen el ambiente y sean los que comiencen de alguna forma esos enfrentamientos. Son muchos los testigos que ya habían avisado de que esto efectivamente había ocurrido en manifestaciones anteriores, algo que siempre es complicado de averiguar, pero los videos de antidisturbios deteniendo y golpeando por error a uno de esos compañeros nos sacaron de toda duda.

En las instituciones son muchos los ejemplos que se podrían poner, pero quizás lo ocurrido en Bruselas este mismo miércoles sea, por su cercanía en el tiempo, un buen caso para exponer. Ahí se presentaban ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, Ada Colau                -portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca- y un colectivo de afectados por las preferentes para pedir amparo a las instituciones europeas por un drama que afecta a 400.000 personas en España y denunciar las ayudas y rescates de los gobiernos del PSOE y PP a la misma banca que estafó a sus clientes con esas hipotecas, preferentes y otros productos financieros. La respuesta por parte del eurodiputado del PP Carlos Iturgáiz no se dejó esperar atacando a Colau a la que tachó de dictadora y a la que acusó de promover una campaña de “acoso e intimidación” a los cargos electos de su partido.

¿Reacción de nuestra TVE? Cancelar una entrevista que la propia Ada Colau ya tenía concertada en un programa que, curiosamente, se llama “Para todos La 2”. Increíble pero cierto. Ver para creer.

El gasto de las CCAA

Esta semana un artículo en El País de Ángel de la Fuente me llevó a leer un estudio del mismo autor financiado por la Fundación SEPI, heredera del difunto Instituto Nacional de Industria, INI. Pueden ustedes encontrarlo en http://www.fundacionsepi.es/ciea/ciea.asp.

Podría decirse que el objetivo del estudio era medir el austero corte de gastos de las comunidades autónomas (CCAA) producido en los últimos años y tratar de medir su efecto sobre el estado del bienestar.

Lo primero que ha hecho el autor es la ingente tarea de homogeneizar todas las cifras. Los diferentes tratamientos de algunos ítems, el ejercicio de meter las facturas en el cajón y que salga el sol por Antequera, la complicación de que el Estado adelanta los impuestos transferidos antes de cobrarlos y, en caso de diferencia, se devuelve a plazos, etc. hace enormemente meritorio su trabajo.

¿Qué conclusiones saca? Algunas muy interesantes:

  1. Entre 2003, principio de la serie, y 2009 el gasto autonómico por habitante creció un 33%. ¿De manera continua? Sí, incluso el crecimiento anual aumenta ligeramente a partir de 2007, comienzo de la crisis actual. ¿Qué pasó? Que el gobierno central siguió calculando los impuestos que iba a cobrar como si no se hubiera enterado que había una crisis mundial y, por consiguiente, transfirió a las CCAA mucho más de lo que les correspondía. Recuerden ustedes que en 2008 hubo elecciones y Zapatero, el pobre, siguió animando el gasto como si no pasara nada, con el político objetivo de engañar a sus electores y ganar las elecciones; como hizo. Y los gobernantes autonómicos, ¿qué podían haber hecho? Podían haberse dado cuenta que se había acabado lo que se daba e iniciar un senda de contención del gasto; aprovechar ese dinero extra para pagar deudas o guardar para los malos tiempos. O podían haber actuado como si fueran tontos e inmorales; tontos por tardar tres años en darse cuenta de la crisis e inmorales por gastar en lo que gastaron.
  2. Entre 2009 y 2012, efectivamente, se ha reducido el gasto autonómico por habitante: casi un 20%. Este porcentaje parece dar la razón a los gobernantes de las CCAA que presumen de lo bien que están haciendo la necesaria reducción del gasto forzada por el gobierno central (como si fueran tontos y no se dieran cuenta de lo que llueve). Pero resulta que, en términos reales, descontada la inflación, el gasto por habitante es un 7% superior al existente en 2003. Lo que ha pasado es que se está volviendo a la normalidad. La cuestión a la que se debe responder es qué hicieron con todo el dinero extra que les llegó de 2003 a 2007.
  3. Por consiguiente, el nivel de servicio que deben ofrecer las CCAA debería ser superior al existente en 2003. No se está hablando aquí de volver a un gasto en educación o sanidad como el existente durante el franquismo; no se trata de retroceder cuarenta años; se trata de volver al estado del bienestar del 2003. O, para ser más sensatos que todavía hay que bajar los gastos, de volver al estado del bienestar de, digamos, 1998. O, siendo un poco malpensados, hay que bajar al número de enchufados en la cosa pública de hace 10 o 15 años; que aquí todos sabemos que enchufados y sobrecogedores van a existir siempre.
  4. Este proceso ha sido similar (con mayor o menor gravedad) en todas las comunidades autónomas. No ha habido partido gobernante, de derechas o de izquierdas, nacionalista o no, que se haya comportado de un modo sensato. Efectivamente, Castilla-La Mancha, Baleares, Valencia y Cataluña han sido las peores; pero nadie puede arrojar la primera piedra. Y si la comunidad autónoma de Madrid puede presumir de algo, el ayuntamiento de Madrid…

Entonces ¿qué está pasando? No se trata solamente de que es más difícil recortar que gastar; lo que es de sentido común. Lo que pasa es que cuando un gobernante autonómico dice que la crisis (o Bruselas o la troika o el gobierno central) exige recortar el estado del bienestar, lo que está haciendo es mentir; o es tontolababa claro, que no se puede descartar.

Cospedal y el fascismo

Yo creía que la señora de Cospedal había hecho suyo el antiguo y acertado proverbio árabe que dice “no abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio”. Estaba convencido de ello porque llevaba casi dos meses sin hacer declaraciones públicas, pero al parecer no pudo resistirse más a la tentación de ofrecernos titulares y no dudó en afirmar que los famosos escraches son nazismo puro, fascismo y totalitarismo. Ahí es nada.

Aquel 25 de febrero cuando afirmó que su partido hizo una simulación de contrato y una indemnización en diferido a Bárcenas, alguien debió aconsejar a esta buena señora que se mantuviera callada durante algún tiempo, cosa que se agradece infinitamente, pero como decía, al final la cabra tira al monte y explotó después de tanto tiempo aguantando sin poder vomitar su odio.

Decía Cospedal que “ir a casa de alguien y decir ‘sé dónde vives’ y violentar a su familia se puede comparar a lo que se produjo en los años 30 en un país europeo y en otros sitios también”. Supongo que se refería a nuestro país, porque justamente eso es lo que ocurría aquí, al mismo tiempo que justificaba cualquier posible futuro ataque a los manifestantes al afirmar que la violencia genera violencia.

Pero vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.

Nazismo:Movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter pangermanista, fascista y antisemita”.

Fascismo: 1.- Movimiento político y social de carácter totalitario que se produjo en Italia, por iniciativa de Benito Mussolini, después de la Primera Guerra Mundial. 2.- Doctrina de este partido italiano y de las similares en otros países”.

Totalitarismo: “Régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos”.

Una vez leído y digerido esto no entiendo cómo nadie ha pedido la dimisión inmediata de Cospedal. Sigo sin llegar a comprender cómo se permite esta mujer, número dos del PP, el lujo de llamar fascista, nazi o totalitario a nadie cuando milita en un partido donde tiene por compañeros a numerosos hijos, sobrinos y nietos de destacados miembros de la dictadura franquista.

Pisotear los derechos  de los ciudadanos adquiridos durante muchos años y hacer oídos sordos a casi un millón y medio de firmas que pedían la dación en pago, mientras sus dirigentes se forran, sí es totalitarismo, señora, y la alternativa que nos dejan no es otra que salir a la calle.

Analfabetos de la Historia

Éste es el nuevo término o expresión que, parece ser, tendrá que acuñarse cuando nos refiramos a nuestros gobernantes y cuando éstos no respeten la Historia y la Cultura de nuestros pueblos.

Lo pronunciaban Marín y Reyes, de CIS, hace unos días ante la noticia de la decisión del Consejo de Ministros de dar la espalda a la celebración de la conmemoración de una de las hazañas más importantes que el hombre jamás hizo, dar la primera vuelta al mundo.

Si Elcano y Magallanes hubiesen asistido al Consejo de Ministros, probablemente podrían haber ilustrado al Sr. Rajoy, a sus asesores y  a sus compañeros y compañeras de la importancia histórica de esta gesta o aventura de unos hombres que sin conocer lo que les esperaba y en embarcaciones sin sistemas de navegación ni internet, lograron tal proeza y acontecimiento y donde muchos, la mayoría de ellos, perdieron la vida.

Este acto de valentía, osadía y agallas al parecer no tiene ningún valor para el Gobierno de un país que debería sentirse orgulloso de algo tan importante para la historia de la Humanidad y que nos permitiría sacar pecho y decirle a nuestros socios europeos “quillo, que esto es Sanlúcar y aquí hay que……”.

Pero mi duda está precisamente en esto último, “esto es Sanlúcar”. Claro, si fuese Cádiz o Jerez, o cualquier otra ciudad gobernada por el PP, entonces seguramente el Consejo de Ministros se hubiese molestado en averiguar de qué trata el asunto, ¿no creen ustedes?

Es triste, además de bochornoso, que los gobernantes del PP que se han estado paseando por Sanlúcar en los últimos años y que han comprometido su palabra con esta efemérides (Sr. Loaiza, Sra. Mestre, Sr. Sanz, Sr. Marmolejo, ect.), en estos momentos ni se pronuncien sobre la decisión de sus “jefes de Madrid”, a los que Bajo Guia y Doñana solo les suena a vacaciones, como hemos comprobado esta pasada semana santa.

Sanlúcar tiene su oportunidad en 2019, es una labor de todos y habrá que exigir enérgicamente que no se usurpen los derechos que, porque la historia así lo decidió, nos corresponde como ciudad milenaria, aventurera y puerta de América.

Cádiz y su Bahía celebran la “Pepa” con inversiones en un nuevo puente de casi 100 millones de euros; Madrid apuesta otra vez, y van no sé cuántas, por la organización de sus olimpiadas para 2020, o  vaya usted a saber para cuándo…

¿Y Sanlúcar? , “¿dónde está Sanlúcar?” le preguntó un ministro a Rajoy. “Sí hombre, ese pueblecito donde nos comemos tan buenos langostinos”, respondió el jefe, cuando tenía que haberle cesado por no saber que la historia y el descubrimiento del nuevo mundo paso por esta bendita ciudad.

Artículo de Miguel Ángel Cuesta Bergantiños

 

Esta semana

Esta semana no ha pasado nada de importancia; nada cuyas consecuencias vayamos a sufrir o disfrutar en los próximos meses. Y me parece obvio que no es importante lo que pase con la señora de Urgandarín, infanta de España. Lo sí que se han publicado son muchos artículos con sabor a futuro.

Esta es la semana en que Japón ha cambiado el rumbo de su política económica por primera vez en veinte años. Ha decidido doblar su base monetaria en dos años. Una enorme barbaridad para austericistas y algo que los keynesianos llevaban clamando años. El objetivo es animar la demanda y el consumo para intentar que crezca la economía. Y si aumenta la inflación que aumente; que la inflación tiene además, en estos tiempos, otros beneficios…

El camino lo mostró Alemania en los locos años veinte; Alemania, como los otros contendientes en la Primera Guerra Mundial tuvo que endeudarse una enormidad para pagar la guerra. Pero mientras Gran Bretaña y Francia tenían los profundos mercados financieros norteamericanos para captar fondos, Alemania no tenía ningún país amigo rico. Así que se endeudó con su propio pueblo. Emitió millones de bonos que vendió a los ahorradores alemanes que, cuando acabó la guerra se encontraron sin un marco, pero con muchos bonos alemanes que les prometían un interés anual y un principal a vencimiento.

Y, ¿qué hace un país cuando tiene una enormidad de deuda en manos de sus nacionales (como Japón ahora, por cierto)? Pues aumentar la masa monetaria para crear inflación; recordarán ustedes eso de que la inflación es siempre y todo lugar, un fenómeno monetario. Una inflación del 10% reduce el valor real de la deuda en ese porcentaje; suban el porcentaje, y háganlo unos añitos, y verán donde se va la deuda enorme. Y esta es una de las causas de la enorme hiperinflación alemana de los años veinte que, eso sí, se les fue de las manos. Claro que luego llegó aquel canciller con su política de sado austeridad a la alemana que se cargó la economía y provocó la subida de Hitler al poder.

Y así se solucionó el problema de la deuda interna alemana en los años 20. El problema de la deuda exterior alemana, se solucionó, como ya saben, con una hermosa quita en el Acuerdo de Londres de 1953.

Desde antes de que empezara la crisis se hablaba que en todo el mundo había un “savings glut”, un exceso de ahorro, y se discutían sus razones y consecuencias. Y uno de los escasos economistas historiadores que hay, afirmó que excesos de ahorro se han producido siempre a lo largo de la historia. ¿Qué se hacía con ellos? Pues se construía una pirámide o un par de catedrales góticas y el ahorro se convertía en inversión y consumo.

Claro que habrá habido casos en la historia cuando los ricos poseedores de ese exceso de ahorro no quisieran gastárselo en un pirámide: ¿qué se hacía entonces? Muy sencillo, se les expropiaba. ¿Qué hizo el rey francés con la inmensa riqueza de los templarios, banqueros de media Europa? ¿Qué se hizo con la riqueza estanca de la nobleza francesa en 1789 y siguientes? ¿Y con la riqueza y servidumbre de los nobles rusos?

La inflación, ya se sabe, es un instrumento expropiador del ahorro; sí. Pregunten ustedes al Rey Prudente cuando se lo encuentren cómo gestionaba el enorme coste que supone mantener un imperio global.

En fin, por desgracia estamos lejos en esta Unión Europea de utilizar la inflación para enderezar la situación. Y, mientras tanto, el Fondo de Reserva de la Pensiones de todos los españoles ha decidido algo revelador; ha vendido bonos de Alemania, Francia y Holanda para comprar, con un descuento supongo, deuda española. Ahora el 97% de nuestras reservas para Pensiones está invertida en bonos españoles. ¡Bravo!

Eso es tener fe en el futuro de nuestro país; ¿o es otra cosa? Mientras, el BBVA saca un informe donde dice que la situación económica española va a seguir mal un tiempo. Bueno, el rumbo de la economía española no cambiará mientras que no cambie la política económica aplicada en Europa, ¿no? Pues eso.